Nuevo artículo de reflexión y cierta indignación… Sin olvidar la lectura constructiva que uno debe tener cuando algo le molesta, nos disponemos a dar voz a los que, como nosotros, tenemos perros o, mejor dicho, tenemos compañer@s peludos que consideramos familia. Señores y señoras que se quejan de la presencia de nuestros canes: Mis mascotas y yo somos limpi@s, ¿qué les molesta exactamente?

¿Nos hemos vuelto extremadamente intolerantes?

Creemos que en parte sí. Esta misma mañana hemos salido a pasear como cada mañana con nuestras perritas por la playa. La playa está literalmente delante de casa y, desde esa playa, vemos el balcón. Hacemos hincapié en esto porque creemos que evidencia lo mucho que nos interesa mantener la limpieza y cuidado de donde vivimos.

En nuestros 30 minutos de paseo, por la arena de la playa, me ha apetecido bañarme y las perras se han quedado a cargo de Jordi. Los 3 jugaban en la orilla mientras yo nadaba a mi antojo. Al salir, una señora con poca conciencia preventiva del covid, se ha levantado de su toalla (a unos 400 metros de donde estábamos) para llamarnos la atención por estar desatendiendo a nuestras perritas. La mujer, irritada, nos regañaba porque «dejamos cacas por toda la playa…» Obviamente nos alegra ver que la mujer prefiere hablar las cosas a la cara y no tragarse ni una sola de sus frustraciones (eso es muy sano), pero tras mi respuesta «Señora, mis mascotas y yo somos limpi@s. ¿También va a quejarse a los pescadores, grupos de gente con neveras, parejas con tuppers o niños con juguetes y necesidades básicas?

De aquí salen dos reflexiones

La señora ha entrado en cólera y eso nos ha hecho pensar…

  • ¿Por qué esta sociedad prefiere prohibir en lugar de penalizar las malas acciones? Un ejemplo: todos somos conscientes de que hay personas que no recogen las heces de sus mascotas. ¿Por qué no se les multa? Sabemos que es más barato prohibir tajantemente que los perros accedan a ciertos lugares y, de esta manera, minimizar la presencia de heces, pero ¿qué mensaje estamos dando a la sociedad? Por un lado, se nos encasilla a todos los que tenemos mascotas como «potenciales guarros» y, de nuevo, no se respeta la diversidad ni libertad de elegir y vivir como uno elija. Con esto en mente, ya no extraña nada conductas como las de la mujer anterior, ¿verdad?
    Si hay basura acumulada en la cima de una montaña, ¿se penalizará el hecho de tirar la basura o se cerrará el acceso a la montaña?
  • Siguiente reflexión: ¿Por qué se criminaliza antes de preguntar si se ha cometido el crimen? Esto es algo que nos inquieta muchísimo… Solemos pensar lo peor de las personas pero callémonos, ¿no? ¿Hace falta mostrar tu aversión hacia todo en público? ¿Hay alguna necesidad «oculta» por sentirse heroína o, lo que es peor… «Guardia Civil»?
    Esto es algo que hemos visto durante la cuarentena. Policías de balcón señalando y criticando a cualquier ser viviente que paseara por la calle. A nosotros por ir con nuestras perritas nos ha pasado y cuando ven que ni te defiendes, empeoras las reacciones… Señores, que hay personas que no queremos polemizar, simplemente vivir como queramos.

Cumpliendo las reglas… O no

Y enlazando nuestra petición de «dejarnos vivir como queramos», entra el derecho de incumplir ciertas normas porque, admitámoslo, las normas cívicas no dejan de ser restricciones convenientes para gastarse menos dinero. Hay reglas que pretenden simplificar malas gestiones o evitar educar y no cumplen ningún criterio de salubridad, convivencia o bienestar.

Si los perros están prohibidos en la playa (no en todas), ¿por qué no lo está el ir con neveras, comida, latas de bebida, juguetes de plástico, pajitas, cebos, hilo de pescar, caramelos, etc.? Por que, hasta donde sabemos, la playa está más sucia por los plásticos que por heces.

Y creerme, muchas de las heces que te encuentras tienen más origen humano que animal… De hecho, apostamos a que cualquier persona que esté leyendo este artículo ha visto pañales en la arena, padres animando a que sus hijos hagan pipí al lado de las papeleras, gente animada por la fiesta y el vino meando en cualquier rincón, adultos ocultándose en matorrales haciendo de «caganer» y chiringuitos instalando fosas sépticas enterradas en la arena.

¿Todo vale?

¿Debemos cumplir las normas? Posiblemente. Pero nosotros también aspiramos a cuestionarlas y exigir que las normas sean inclusivas y no exclusivas. Queremos normas que respeten la libertad de elección y no coaccionen la poca que nos queda. Señores, ¿Por qué mis libertades están restringidas si mis mascotas y yo somos limpi@s? ¿Por qué hay cerdos vestidos de personas accediendo libremente a las playas, parques y otros espacios Naturales mientras yo no puedo hacerlo a pesar de tener los valores correctos?

¿Estamos enfocando nuestras normas de la manera correcta? ¿Estamos promoviendo una cultura de respeto a la diversidad e inclusión? ¿Somos conscientes de que el odio se hereda y estamos contruyendo una comunidad intolerante que, además, se permite el lujo de leer la cartilla sin motivos razonables? ¿Podemos, por favor, despertar y no obedecer sin entender? ¿Podemos tener criterio propio? ¿Podemos empezar a levantar la mano cuando algo nos parezca injusto y/o promueva los valores equivocados?

¿Qué pensáis vosotr@s?

¿Os ha gustado el post «Señores, mis mascotas y yo somos limpi@s»? Queremos saber qué opináis, así que comentarnos, darnos inputs o ¡incluso quejaros si sentís que debéis hacerlo! ¡Nos encanta leeros!

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